La siguiente crónica, probablemente, ya haya sido narrada anteriormente con otros protagonistas, pues, ya tiene varios años y las circunstancias en que sucedieron los hechos no fueron archivadas por las autoridades pertinentes. Esto que les narraré a continuación, me lo había contado un compañero de trabajo. Según él, esto le había sucedido a una prima suya, aunque no me dio detalles del lugar donde habían ocurridos los hechos; quizás, para salvaguardar la memoria de los implicados.
El tema es que un día, una mujer, cuyo nombre había mencionado como Claudia, llevaba a sus dos hijos a la escuela. Martín, de unos dieciséis años de edad y Mariana, de quince. Un trabajo rutinario que se repetía a diario y que consistía en recorrer unas ocho cuadras en la camioneta utilitaria del esposo.
Sucede que, un día de esos, la camioneta amaneció fallada y, por alguna razón que ella no sabía, ésta simplemente no arrancaba. Martín estaba engripado, por lo que sólo había que llevar a la pequeña Mariana. Y lo más rápido posible, porque se hacía tarde. Pero la joven, aceptó ir sola, alegando no ser un recorrido lejano. La madre, aceptó. Pasado el mediodía, con la camioneta arreglada, Claudia fue al colegio a buscar a su hija, pero para su sorpresa, ésta se había retirado una hora antes, por su cuenta debido a un profesor que había faltado Sin embargo, Mariana no había llegado a casa. Se tranquilizó y espero a llegar a casa para llamar a alguna de sus compañeras para saber de su hija. Pero la angustia se hizo presente al recibir negativas en las respuestas: Mariana se había ido sola hasta su casa.
Martín, se había ido al médico a revisar su gripe, por lo que esperó a que éste llegara para dar aviso a la policía. Luego de tres horas de espera, el muchacho se hizo presente y fueron juntos hacia la comisaría del pueblo. De inmediato, comenzó un rastrillaje para dar con el paradero de la joven, pero todos los esfuerzos fueron en vano.
Ya habían pasado varios días y de los días pasaron a semanas y luego meses.. Concretamente, siete meses más tardes, una nota aparecía en el parabrisas del auto familiar. La misma, contaba el peor desenlace que podían jamás esperar.
Una persona, la que redactada la carta, daba las coordenadas donde estaba escondido el cadáver de la joven. Sin explicar nada, ni un por qué o qué relación tenía la pobre Mariana en el asunto. Era una nota fría que sólo daba detalles técnicos sobre cómo encontrar el cuerpo y nada más. Inmediatamente y con la fuerza policial, dieron con el lugar indicado. En las afueras de la ciudad, en una parte del bosque algo inaccesible, y a dos metros, enterrada bajo una capa de piedras, basura y más piedras, se hallaban los restos de la muchacha.
No voy a explayarme sobre los sentimientos encontrados de la familia, que ya serán obvias, pero sí, adentrarme en el desenlace de este relato, mucho más tétrico de lo esperado.
Ya habían pasado dos años de lo ocurrido, pero tanto Claudia, como su hijo, aun no estaban por completo recuperados de aquel trauma. Ambos casi no hablaban con nadie, se habían alejado de cualquier vínculo social y familiar. Casi no salían de la casa, salvo, para cuestiones necesariamente obligadas.
Martín, aviso a su madre que saldría a dar una vuelta y volvería en unas horas. Claudia, pensó también que debería hacer lo mismo, pero desistió al encontrar un sobre debajo de la puerta. La misma, le heló la sangre: era la misma letra del que había avisado del paradero de Mariana. La misma, describía que nunca tuvo la idea de matar a la joven. Simplemente tuvo que hacerlo porque estaba profundamente enamorado de ella, pero ella no podía comprender eso, ella no lo aceptaba a aquel y eso, le daba mucha rabia. Por último, se disculpaba ante la familia por lo sucedido, que no tenía pensado matarla. Jamás había matado a nadie y que cada día de su vida, no deja de pensar en ella. Que si pudiera volver el tiempo atrás y evitar hacer lo que hizo.
Al finalizar, describió que el dolor era tan grande que ya no tenía ganas de seguir y, a continuación, dio las coordenadas para encontrar su cadáver.
Grande y terrorífica fue su sorpresa, al encontrar en ese punto indicado, el cuerpo muerto y colgado de su propio hijo, Martín...
Buenas noches

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